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Hablemos de… Protección Solar

  • Posted on:  Jueves, 14 Septiembre 2017 19:01
  • Escrito por  Dr. Juan Miguel Familia Tapia

Nadie pone en duda que el sol es un elemento indispensable para la vida en La Tierra. Gracias a la luz visible y a los rayos infrarrojos podemos ver y calentarnos, además de influir positivamente en nuestro estado de ánimo y favorecer la producción de vitamina D. Sin embargo, la exposición a la radiación solar de forma descontrolada y en exceso, algo cada vez más frecuente desde hace unas décadas, supone un riesgo para la salud y produce efectos sumamente perjudiciales como el cáncer de piel, fotoenvejecimiento, quemaduras solares y desórdenes inmunológicos.

En una sociedad donde poseer una buena imagen corporal pasa por la obligatoriedad de lucir una piel bronceada, tomar el sol en exceso con este único objetivo empieza a no ser demasiado aconsejable y debería hacernos reflexionar en el precio que estamos dispuestos a pagar por un buen bronceado.

Las emisiones solares incluyen, entre otras, las radiaciones ultravioletas (UV), la luz visible y las radiaciones infrarrojas.

Las radiaciones UV se subdividen en:

  • UVA: constituye el cinco por ciento del perfil terrestre de luz solar. Esta no se filtra por el cristal, se modifica poco con la altitud y las condiciones atmosféricas y sufre escasa fluctuación temporal. El 50 por ciento penetra en la piel alcanzando la dermis profunda e incluso las células sanguíneas circulantes.
  • UVB: representa el 0,5 por ciento del perfil terrestre de la luz solar. Es responsable de la mayoría de las reacciones fotobiológicas en la epidermis. Solo un 10 por ciento alcanza la dermis.
  • UVC: tiene una longitud de onda muy corta, por lo que es filtrada por el ozono en la estratósfera y no alcanza la superficie terrestre.

Las radiaciones infrarrojas son responsables del efecto calorífico de las emisiones solares y pueden potenciar los efectos de las radiaciones UV, exacerbando especialmente el fotoenvejecimiento.

Hoy día, la radiación artificial en industrias y centro de trabajo o recreo afecta a un creciente sector poblacional. Sin embargo, a esto hay que sumar el hecho de que todos estamos expuestos a los rayos UV de la luz solar, una forma de radiación cuya intensidad depende de diversos factores geográficos y ambientales, tales como:

  • Posición del sol: cuanta más alta sea la posición de nuestra estrella, mayor será la radiación UV, es decir que la radiación es mayor al mediodía, entre las 12 y las 16 horas (12 - 4 P.M.). Por otra parte, la incidencia de la luz solar varía con las estaciones, así que la intensidad de los rayos UV depende no solo de la hora del día, sino también del mes del año.
  • Latitud: a mayor proximidad con el ecuador terrestre, mayor radiación.
  • Altitud: al aumentar la altitud, la atmósfera se vuelve más ligera y absorbe menos rayos UV. La intensidad de la radiación aumenta entre 10 y 12 por ciento por cada mil metros de altitud. En otras palabras, en la montaña la radiación es más intensa que en la playa y el aumento en quemaduras solares es un cinco a 10 por ciento mayor por cada kilómetro de elevación.
  • Estado atmosférico: la contaminación del aire protege frente a la radiación UV, pero a un alto precio por cuanto resulta indeseable por otros muchos problemas asociados a ella. El ozono troposférico y las partículas que sustentan el aire absorben parte de la radiación  UV que llega a la superficie de La Tierra, sin embargo, la concentración de ozono varía a lo largo del año e incluso en el mismo día. En cielos plenamente cubiertos de nubes hay disminución de la radiación UV de la superficie, pero el efecto de nubes aisladas o dispersas puede incrementar los niveles de UV localizados si está presente la luz del sol por efecto de la dispersión.
  • Ángulo de incidencia de los rayos sobre la piel: motivo por el que el rostro, especialmente la nariz y el labio superior son los primeros en quemarse.
  • Superficies reflectantes: las diferentes superficies reflejan y dispersan la radiación ultravioleta de distinta manera. Así, la nieve reciente y las superficies de agua planas pueden reflejar hasta 80 por ciento, mientras que la arena seca de una playa refleja hasta 15 por ciento, las superficies de agua onduladas y la espuma del agua del mar reflejan alrededor de 25 por ciento, mientras que la hierba, alrededor de 10 por ciento.

Llegar a un equilibrio entre los efectos positivos y nocivos de la luz del sol  nos obliga a tener una conducta adecuada a la hora de exponernos al sol y protegernos de una manera razonable frente a las radiaciones solares.

La radiación ultravioleta es la principal responsable de las dermatosis lumínicas. Sus efectos biológicos son muy diversos y dependen de la longitud de onda, penetración en la piel y tiempo de exposición, pudiendo aparecer poco tiempo después de la exposición solar o años más tarde. Entre los primeros destaca el eritema y la quemadura solar, la fotodermatosis y la inmunosupresión; entre los segundos, la fotocarcinogénesis y el fotoenvejecimiento.

  • Eritema solar: es una respuesta inflamatoria de la piel que aparece a las pocas horas de la exposición solar y alcanza su máxima intensidad a las 12 a 24 horas. En casos extremos de exposición puede llegar a convertirse en una quemadura de primer o segundo grado superficial, con formación de ampollas. Este tipo de reacción se emplea como sistema de medida del efecto biológico de los rayos UV y ha hecho definir el concepto de Dosis Eritematosa Mínima (DEM) como la mínima dosis de exposición a una determinada banda de luz que provoca eritema uniforme y con límites bien definidos en la piel. Los UVB son los principales responsables del eritema y la quemadura solar. Epidemiológicamente, el eritema y la quemadura solar son considerados como señal clínica de riesgo de cáncer de piel.
  • La fotodermatosis: es un término que engloba un conjunto de enfermedades cutáneas producidas o desencadenadas por la exposición solar, fundamentalmente los UVA. Incluye fotodermatosis idiopáticas (prúrigo actínico, urticaria solar, etc.), las dermatosis agravadas por la luz (acné, dermatitis seborreica, herpes simple, rosácea, melasma, lupus eritematoso, liquen plano, psoriasis, etc.), las dermatosis debidas a medicamentos y sustancias químicas (amiodarona, sulfas, furosemida, griseofulvina, retinoides, antihistamínicos tópicos, etc.) y las fotodermatosis por metabolitos endógenos.
  • El fotoenvejecimiento: también llamado envejecimiento cutáneo extrínseco, a diferencia del cronológico se caracteriza por una piel áspera, seca y apergaminada, sin elasticidad, con arrugas profundas y gruesas, telangiectasias, léntigos y alteraciones de la pigmentación. Aparece como consecuencia de exposiciones repetidas y prolongadas al sol, sobre todo radiación UVA. Las zonas expuestas son las más afectadas, tales como cara, cuello, escote, nuca y dorso de manos. Su intensidad depende del fototipo de piel (color de la piel) y la dosis total de radiación acumulada a lo largo de la vida.
  • La fotocarcinogénesis: es definida como la inducción de lesiones precancerosas y carcinomas en la piel por efecto de la exposición al sol. La incidencia del cáncer de piel está aumentando de una forma preocupante en todo el mundo. Se sabe que las exposiciones solares acumuladas a lo largo de la vida, así como las exposiciones solares cortas pero intensas, más propias de los meses de verano, incrementan el riesgo de cáncer cutáneo, particularmente si la exposición es suficiente para causar una quemadura solar y sobre todo si ocurre en la infancia. En el caso de los cánceres cutáneos no melanocíticos el riesgo se relaciona más con la exposición total acumulada mientras que en el caso de los melanomas es mayor con las exposiciones intensas e intermitentes típicas del verano.

Fotoprotección o Protección Solar

La fotoprotección tiene como objetivo prevenir el daño que ocurre en la piel como consecuencia de la exposición a las radiaciones ultravioletas.

Fotoprotección intrínseca o endógena

Para protegerse de las radiaciones externas, la piel posee mecanismos intrínsecos de defensa, entre los que se encuentran la melanina y el engrosamiento de las capas más superficiales de la piel (epidermis y dermis); los pelos, el manto graso de la piel y los queratinocitos de la capa córnea desvían aproximadamente el cinco por ciento de la radiación UV que incide sobre la piel.

La melanina (pigmento que origina el bronceado) constituye el factor de protección endógeno más importante que dispone nuestra piel. La exposición solar estimula su producción y ello se traduce en bronceado: uno inmediato y otro retardado. El inmediato se inicia a los 30 minutos de la exposición y es inducido por lo UVA. Es bastante transitorio, se atenúa en unas pocas horas y su intensidad depende de la melanina preexistente. Este bronceado no protege frente al eritema solar. El bronceado retardado se inicia a los dos a tres días de la exposición y dura de días a semanas. Es consecuencia de un proceso de síntesis de nueva melanina. Este bronceado sí confiere protección frente a la quemadura solar, sin embargo no impide el cáncer cutáneo. La misma exposición necesaria para broncear la piel es un riesgo más de cáncer de piel, no obstante las personas cuya piel tiene la capacidad de broncearse tienen un riesgo personal inferior que aquellas que no tiene dicha capacidad.

Fotoprotección extrínseca o exógena

La fotoprotección exógena la constituyen todas aquellas estrategias encaminadas a disminuir los efectos adversos de las radiaciones solares sobre la piel. Existen tres líneas básicas de fotoprotección.

Primera línea de fotoprotección: evitar o reducir la exposición solar

Para evitar o reducir la exposición solar de deben tomar en consideración ciertas actitudes que detallaremos a continuación

  • Recordar que la intensidad de las radiaciones UV aumenta en condiciones de mayor actitud, en zonas cercanas al ecuador y en ciertas estaciones del año, por lo que debemos protegernos en estas situaciones.
  • Las radiaciones UV son más perjudiciales en horas próximas al mediodía. Cuanto más pequeña es la sombra que nuestro cuerpo proyecta, más probable es que ocurra una quemadura solar, por lo que debemos evitar exponernos en estas horas del días, en la medida de lo posible.
  • El agua no es un buen fotoprotector. Los rayos UV pueden penetrar en ella hasta una profundidad de 60 cm.
  • Los árboles frondosos y las sombras ofrecen buena protección frente a las radiaciones UVB, aunque se deben tener en cuenta las radiaciones reflejadas en las superficies circundantes.
  • Se sabe que el cristal es capaz de bloquear eficazmente las radiaciones UVB, pero no las UVA. La transmisión de las radiaciones UV va a depender del tipo de cristal (laminado o no) y de que esté o no tintado.

Segunda línea de fotoprotección: uso de ropa y complementos protectores

La ropa es un excelente fotoprotector, en especial de las radiaciones UVB. La capacidad de protección solar que una prenda tiene de fábrica se expresa como Factor de Protección UV (UPF).

Existen una serie de factores que pueden afectar el UPF, dentro de los que se encuentran:

  • Tipo de tejido: el algodón, rayón y lino tienen menos UPF que nailon, lana, seda y poliéster.
  • Porosidad, peso y grosor: el UPF aumenta cuanto menores son los poros y mayor es el peso y grosor del tejido.
  • Color: los colores oscuros tiene mayor UPF.
  • Estiramiento: el UPF disminuye con el estiramiento del tejido.
  • Humedad: el UPF disminuye cuando el algodón está húmedo.
  • Lavado: el lavado aumenta el UPF al encoger la prenda (>algodón)
  • Distancia al cuerpo: el UPF aumenta al incrementar la distancia ropa-cuerpo.

Los sombreros proporcionan una protección variable, que va a depender del tejido y de la anchura del ala. Alas superiores a 7,5 cm proporcionarán protección para la nariz, mejillas, barbilla y cuello, mientras que los de ala angosta solo van a proporcionar una pequeña protección nasal y casi nula para la barbilla y el cuello.

El uso de gafas de sol protege los ojos y el área periocular. La eficacia de esta protección depende del tamaño, de la forma y de los materiales de absorción UV incorporados en las lentes. Las gafas claras absorben la mayoría de las radiaciones UVB, mientras que las UVA las pueden atravesar, por lo que para prestar protección frente a ellas, van a precisar la incorporación de películas plásticas de cobre, níquel, zinc u otros metales, que bloquean dichas radiaciones. Las gafas oscuras tintadas, bloquean las radiaciones UVA y la luz visible, pero pueden oscurecer la visión.

Tercera línea de fotoprotección: aplicar o ingerir sustancias fotoprotectoras

Las sustancias fotoprotectoras tienen la capacidad de absorber, reflejas o dispersar la radiación UV, evitando que penetre en la piel y que cause, por tanto, daño actínico. Actualmente se han incorporado a este grupo, sustancias que actúan previniendo o reparando los daños inducidos por las radiaciones solares. Dentro de las sustancias fotoprotectoras existen dos grandes grupos, los fotoprotectores sistémicos u orales y los fotoprotectores tópicos (los más usados).

Fotoprotectores sistémicos (orales)

Protegen la totalidad de la piel y no están sujetos a la forma de aplicación, la eliminación por el agua o el sudor o la reaplicación. Tiene el inconveniente de que son menos potentes que los fotoprotectores tópicos. Los fotoprotectores sistémicos más empleados son

  • Beta-carotenos: tienen propiedades antioxidantes. Disminuyen la fotosensibilidad, pero su eficacia en la prevención de tumores cutáneos no está clara.
  • El extracto de la planta Polypodium leucotomos, rica en polifenoles, con propiedades antioxidantes. Protege la piel reduciendo el eritema. Es protectora frente a las reacciones fototóxicas y los cambios pigmentarios inducidos por los UVA.
  • Combinación de antioxidantes: la combinación de vitamina C y E a dosis altas protege del eritema fotoinducido.
  • Polifenoles del té verde: han demostrado ser efectivos reduciendo los tumores cutáneos inducidos por radiaciones UV, por sus propiedades antioxidantes, inmunoprotectoras y reparadoras del DNA celular.
  • Ácidos grasos poliinsaturados omega-3: ingeridos en dosis altas disminuyen la incidencia de quemaduras solares inducidas por los UVB.

Fotoprotectores tópicos

Son sustancias que se aplican sobre la piel con el fin de reducir los efectos de la radiación solar sobre la misma. Actúan absorbiendo, reflejando o dispersando fotones de las radiaciones UV, evitando la penetración cutánea de estas e impidiendo sus efectos nocivos.

El método más extendido para medir la eficacia de un fotoprotector es el Factor de Protección Solar (FPS o SPF, por sus siglas en inglés), que da una idea del tiempo que podemos permanecer al sol sin quemarnos.

El Factor de Protección Solar se define como el cociente entre la DEM de la piel con protector solar y la DEM de la piel sin fotoprotector a las 24 horas de exposición y tras la aplicación de 2mg/cm2 de producto. Este mide la capacidad protectora de un filtro frente a la radiación UVB. Dicho de otra manera, mide la capacidad de un filtro para retrasar la aparición del eritema solar.

Un SPF 4 indicaría que la radiación UVB recidiva durante un tiempo determinado, es ¼ de la que se recibiría si no se usase ningún protector solar.

Atendiendo a su composición, los fotoprotectores tópicos se clasifican en tres grandes grupos: filtros orgánicos o químicos, filtros inorgánicos o físicos y otros.

  • Filtros Orgánicos (Químicos): son sustancias de síntesis. Son moléculas que absorben los fotones de la radiación solar alterando su estructura molecular. Son los más difundidos en el mercado porque son transparentes, no manchan la ropa y necesitan una capa de aplicación de menor grosor. Cosméticamente son más aceptables, pero tienen mayor riesgo de causar intolerancia cutánea que los filtros minerales. Existen diferentes tipos según su espectro de absorción.
    • Filtros químicos selectivos sobre las radiaciones UVB: ácido paraaminobenzoico (PABA), cinamatos, salicilatos y octocrileno.
    • Filtros químicos selectivos sobre las radiaciones UVA: benzofenonas, antralinas, avobenzona, ácido tereftalideno-dialcanfor sulfónico.
    • El dibenzotriazol tiene un amplio espectro de absorción por actuar sobre las radiaciones UVB y UVA, y es muy fotoestable.
  • Filtro Inorgánicos (Físicos): son polvos inertes de origen mineral que actúan reflejando la radiación solar formando una barrera opaca que actúa a modo de pequeños espejos. Las sustancias más habituales empleadas son el dióxido de titanio y el óxido de zinc, aunque existen otras menos frecuentes como el carbonato de calcio y magnesio, el óxido de magnesio y el cloruro de hierro. Su espectro de acción es más amplio, de manera que proporcionan protección frente a los UVA, UVB, la luz visible e infrarrojos. Es más raro que originen reacciones de tipo alérgico o irritativo. Están menos difundidos en el mercado. Son partículas que necesitan una capa de aplicación gruesa, dan a la piel un aspecto blanquecino, pueden manchar la ropa, aunque cada día se elaboran nuevas partículas microscópicas cosméticamente más aceptables. En la actualidad, se emplean micronizados o combinados con pigmentos absorbentes, lo que les da un aspecto más transparente.
  • Otros: dentro de este grupo están los antioxidantes e inmunofotoprotectores tópicos, la dihidroxiacetona (componente de los productos autobronceadores que se une al estrato córneo, dando un tinte anaranjado a la piel) y las enzimas reparadoras del DNA tópicos (fotoliasa, T4 endonucleasa V).

El filtro solar o fotoprotector ideal sería aquel que cumpliera con las siguientes condiciones:

  • Amplio espectro de fotoprotección: existen disponibles en el mercado filtros únicamente físicos o químicos, pero la mayoría de los filtro combinan ambos métodos. Los fotoprotectores que protegen exclusivamente frente a los UVB, es decir, frente al eritema y la quemadura solar, no ofrecen protección contra el fotoenvejecimiento ni la fotocarcinogénesis inducida por los UVA. Por otro lado, al minimizar el efecto de la quemadura solar suprimen la señal de alarma y pueden proporcionar una falsa idea de fotoprotección, favoreciendo exposiciones más prolongadas, sobre todo exposiciones a altas dosis de UVA que no serían posibles sin protección frente a los UVB.
  • Estable frente a la luz y el calor: algunos filtro químicos sometidos a altas temperaturas cambian su estructura química perdiendo parte de su efectividad. Se recomienda guardarlos en la sombra y no comprar los que han estado en expositores en la calle, bajo el sol.
  • Buena adherencia y resistencia al agua, al sudor y al roce: esta propiedad distingue filtro resistentes al agua (water resistant) de los filtro a prueba de agua (water proof), capaces de conservar su protección tras 40 minutos y 80 minutos de inmersión en el agua, respectivamente.
  • No irritante ni sensibilizante.
  • No manche la ropa.
  • Cosméticamente aceptable (inodoro e incoloro).

Reglas básicas en el empleo de los fotoprotectores

Te proporcionamos un conjunto pautas a tomar en cuenta al utilizar un protector solar o fotoprotector:

  • Aplicarlo 15 a 30 minutos antes de la exposición solar, asegurándose de su completa absorción.
  • Repetir la aplicación cada dos horas, en exposiciones prolongadas, o tras el baño, ejercicio o sudoración intensa.
  • Agitarlo antes de aplicarlo y emplear una cantidad adecuada. Se recomienda como medida, una palma completa de la mano para un adulto y media palma para un niño promedio. Si la cantidad de foto protector aplicada es menor, el factor de protección solar que proporciona el filtro solar va a ser mucho menor de lo que aparece registrado en el envase.
  • La aplicación debe ser uniforme, sin olvidar las orejas, el cuello, el escote y las manos, así como el empleo de bálsamos labiales fotoprotectores.
  • Se deben emplear filtro con FPS igual o superior a 30 y de amplio espectro UV.

Fotoprotección en la infancia

Entre el 50 y el 80 por ciento de la exposición solar que un individuo recibe en toda su vida se realiza en los 18 a 20 primeros años de vida.

Los niños son más susceptibles a los efectos nocivos de las radiaciones UV que los adultos. Esta susceptibilidad se basa en: una capa córnea más delgada y menos compacta que la de los adultos, una melanogénesis poco desarrollada y menos mecanismos de defensa frente a los radicales libres que la piel adulta. Las quemaduras solares durante la infancia son un factor de riesgo independiente para desarrollar melanoma durante la vida adulta.

La infancia es la época ideal del desarrollo para adquirir unos correctos comportamientos en cuanto a fotoprotección.

Normas básicas de fotoprotección en niños

Como ya fue mencionado, la piel del infante es más sensible al daño provocado por las radiaciones UV. Aquí te proporcionamos ciertas consideraciones a tomar en cuenta para el cuidado de la piel en etapas tempranas de la vida.

  • No exponer al sol a menores de seis meses.
  • Limitar la exposición solar en menores de tres años.
  • Al igual que en los adultos, se debe evitar la exposición solar entre las 12 y las 16 horas.
  • Proteger a los niños con ropas, gorros y gafas adecuadas, siempre que tengan que exponerse al sol.
  • No se deben emplear fotoprotectores en menores de seis meses.
  • Evitar, en la medida de lo posible, el empleo de fotoprotectores en menores de tres años.
  • Igual que en los adultos, se deben emplear filtros con FPS igual o superior a 30.
  • Emplear filtro inorgánicos (físicos), que no se absorben, especialmente en menores de tres años.
  • El uso de fotoprotectores debe ser infrecuente y solo en zonas corporales expuestas, especialmente en menores de tres años.
  • Los fotoprotectores empleados deben ser resistentes al agua, al sudor y al rozamiento.
  • Asegurar una correcta hidratación de los niños expuestos al sol
  • El resto de reglas básicas del empleo de fotoprotectores son iguales a las de los adultos.

Conclusiones

El uso de una crema solar es imprescindible, pero no suficiente para proteger de las quemaduras y otros efectos perjudiciales del sol, para esto hay que tomar ciertas consideraciones, tales como:

  1. Utilice un fotoprotector que le proteja tanto de los rajos UVA, como de los UVB. Cualquiera que sea el tipo o color de piel, es recomendable utilizar como mínimo un índice de protección de 30. Recuerde no comprar aquellos que han estado expuestos en la calle bajo el sol y guardarlos en la sombra.
  2. Póngase el filtro solar al menos media hora antes de exponerse al sol. Reaplicarlo cada dos horas y después de cada baño o inmersión (incluso si la etiqueta de la crema incluye la leyenda “Resistente al agua”). Utilice una buena cantidad de crema, ¡no sea tacaño!
  3. Recuerde que el riesgo de quemarse aumenta sobre una pista nevada, en el mar o en la arena; este tipo de superficies reflejan los rayos del sol.
  4. No se confíe si el cielo está nublado. Incluso en estos días, el sol puede hacernos daño.
  5. Evite tomar sol entre las 12 y las 16 horas. Es cuando más afecta nuestra piel.
  6. Lleve, si es posible, alguna prenda encima que proteja su cuerpo de los rayos solares, así como un gorro para proteger la cabeza, la nuca y las orejas. Proteja también sus ojos con unas gafas de sol.
  7. Los niños son más susceptibles a los rayos ultravioleta. Póngales regularmente un fotoprotector con un FPS alto. También es importante que lleven puesta una camiseta y un gorro. Si los niños son menores de tres años, procure que estén en la sombra.

Dr. Juan Miguel Familia Tapia

Médico Dermatólogo / Cirujano Dermatólogo

Centro Vida y Familia Ana Simó

Imagen tomada de: nutricionsaludybelleza.es 

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