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Familia

La sobrecarga del cuidador de un familiar enfermo

  • Posted on:  Jueves, 17 Agosto 2017 20:06
  • Escrito por  Ainhoa Domínguez

“Siento que ya no tengo vida. No tengo tiempo para mí. Cuidar a mi madre enferma de Alzheimer supone estar pendiente de ella las 24 horas. No puedo salir con mis amigas, ni dar un paseo, y apenas puedo dedicarle tiempo a mis hijos”.

Los países familistas son aquellos en los que la familia supone el principal proveedor de bienestar para un individuo, a diferencia de otros países en los que el principal proveedor puede ser por ejemplo, el Estado. Un factor muy importante es la cultura, pues en algunos países el concepto de familia, las relaciones y la cercanía entre los miembros se hacen más fuertes. Esto quiere decir, centrándome en el ámbito de la salud, que el Estado destina escasas ayudas, a veces ninguna, y es la familia quien se hace responsable de la situación. República Dominicana es uno de los países familistas.

El caso con el que he comenzado el artículo, es una vivencia que la tienen muchas personas, especialmente mujeres. Y digo las mujeres porque el cuidado, ya sea de niños o de personas ancianas o enfermas, se asocia al género femenino. Además de esto, por cultura nos vemos con la obligación moral de que cuidar a un familiar enfermo es algo que no podemos negar. El sentimiento de culpa florece si no damos toda la atención y cuidado que creemos que nuestro familiar necesita. Una persona en la familia con una gran dependencia no es algo fácil de gestionar.  Esta responsabilidad generalmente recae sobre una persona, que se hace llamar cuidadora principal y suele tomar este papel sin tener una conversación con el resto de los familiares, puesto que todos los miembros consideran de forma implícita que es ella quien lo debe hacer o quien mejor puede hacerlo.

A corto, medio o largo plazo, esta persona es muy probable que padezca una serie de síntomas como consecuencia de la sobrecarga de cuidado. También puede llamarse “síndrome del cuidador quemado”. Desgaste físico y emocional, irritabilidad, estrés o depresión son algunos de ellos. También se dan situaciones en las que ya sea desde el principio, o durante el proceso, surgen conflictos entre los familiares en cuanto al reparto del cuidado, no habiendo una figura del cuidador principal tan definida.

Ante estos casos, es fundamental que desde el comienzo se evite que haya un cuidador principal. Una vez comprendida la situación en la que se encuentra la persona y las necesidades que tiene, debe haber una conversación y una negociación entre los miembros que vayan a involucrarse, llegando todos a un acuerdo. También se deben ir adaptando estos acuerdos según avance la enfermedad y los procesos vitales que atraviesen los miembros de la familia, puesto que en patologías que tienen una duración de varios años las circunstancias también van modificándose. El reparto del tiempo de cuidado es esencial para  evitar que el bienestar de alguno de los familiares que participan se vea afectado. Es natural que una persona se vea responsable de cuidar a un familiar cercano que necesita de su ayuda para las actividades de la vida diaria, pero no hay que olvidarse del propio bienestar.  Por tanto, no se debe existir sentimiento de culpabilidad si no se le dedica a la persona afectada el máximo tiempo. La finalidad es llevar a cabo el proceso de enfermedad tomando las responsabilidades oportunas sin que perjudique el propio bienestar. No dejar por completo los hábitos que se destinaban con anterioridad al trabajo, al ocio y al tiempo libre.

Ainhoa Domínguez

Trabajadora Social

Experta en intervención familiar.

Centro Vida Y Familia Ana Simó

Imagen tomada de: centradaemsi.pt

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