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Niños y Adolescentes

Salud y relaciones sexuales afectivas

  • Posted on:  Viernes, 16 Junio 2017 18:12
  • Escrito por  Arisleydi Sanchez Guzmán, M.A.

“Es la mala consciencia de los adultos  frente a sus problemas sexuales

la que los alienta a mantener el misterio ante los niños” - Freud

Las primeras actitudes respecto al afecto y la sexualidad se aprende por el comportamiento cotidiano de los adultos, las relaciones entre los mismos, la influencia de los medios de comunicación,  y la división del trabajo en función de los sexos que realiza la sociedad. La educación en sexualidad debe darse en estima y respeto hacia el propio cuerpo, donde la sexualidad es vivida y sentida como un aspecto más de la naturaleza humana, y debe vivirse de forma positiva y con respeto.

La sexualidad se constituye en una característica que en el ser humano, está relacionada individual y socialmente con una gran variedad de creencias, actitudes y comportamientos. La educación afectivo-sexual va más allá de lo biológico, o de los roles de género impuestos por la cultura. La educación sexual tiene que ver principalmente con el desarrollo de actitudes y de habilidades, incidiendo en mayor medida sobre los comportamientos, individuales y colectivos.

La educación afectivo-sexual es una concepción basada en un modelo que incluye la interacción entre los diferentes aspectos: físicos, psicológicos y sociales. Advertir el papel de la afectividad y el apego en las relaciones interpersonales puede considerarse como un elemento imprescindible, para el desarrollo de una comprensión global de una sexualidad sana y adecuada.

Desde un punto de vista pedagógico, sentimiento y sexualidad deben estar unidos, no tanto como condición indispensable sino como objetivo deseable. Durante la infancia, entender las relaciones de afecto entre las personas prepara para, en su momento, extender esta comprensión al terreno de la sexualidad y a la práctica propia de esta en la vida de cada persona.

La expresión de la sexualidad no es instintiva, no está grabada y marcada por nuestro código genético; por el contrario, tiene mucho de aprendido. Y nuestro aprendizaje y posteriormente la expresión dependerá de cómo fueron cubiertas nuestras necesidades emocionales por las personas que fungen como significativas en nuestras vidas.

La necesidad física y afectiva de tocarnos, de darnos placer y de intimidad, nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos. La sexualidad se reelabora a lo largo de una vida. En este sentido, una persona nunca termina de descubrir su propia sexualidad, tenga la edad que tenga.

Cualquier persona adulta, en la medida que mantiene una relación significativa con una niña o un niño o adolescente, le enseña sexualidad a través de cómo establece ese vínculo. El sexo –biológico- de una persona le permite establecer relaciones de semejanza con las criaturas de su mismo sexo y de diferencia con las del otro sexo.

Los actos sexuales entre dos personas enamoradas pueden ser una confirmación de un amor profundo. Si se les habla a los jóvenes sobre la sexualidad y lo único que se le resalta son las prohibiciones y enfermedades, no harán caso a los consejos e información suministrada. La sexualidad les abre a los jóvenes el camino a la liberación. Por aquí comienza la idea de independencia en torno a la familia.

Los padres deben respetar la liberación sexual que sus hijos e hijas han emprendido, sin renunciar a su papel, es decir, sin dejar de ser padres que apoyan, protegen y guían.

En la adolescencia y en torno a las experiencias sexuales, los hijos/as alejan a sus padres y acercan a sus amigos/as. Parte de la educación sexual es que padres y madres deben entender que hay cierta intimidad sexual a la que no van a poder acceder, entender que los jóvenes tienen secretos y van a ir haciendo uso de la intimidad y privacidad.

El objetivo de la educación afectiva y sexual sería generar un diálogo que enriqueciera y ampliara el universo adolescente. Donde la sexualidad y el amor sirvan para acercan a las personas y también les enseña a distinguir entre lo privado y lo público, entre lo exterior y lo interior. Enseñar en sexualidad comienza en la infancia y se hace imprescindible y obligatorio en la adolescencia.

Arisleydi Sanchez Guzmán, M.A.

Psicóloga Clínica Infanto-Juvenil

Experta en Abuso Sexual Infantil

Encargada de la Sede Infanto-Juvenil

Centro Vida y Familia Ana Simó

Imagen tomada de: blog.massimobidetti.com

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