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Niños y Adolescentes

Cuando los hijos no cumplen las normas

  • Posted on:  Jueves, 27 Julio 2017 19:09
  • Escrito por  Ainhoa Domínguez

Una de las mayores dificultades que madres y padres expresan al hablar de la crianza y la educación de sus hijos es la del cumplimiento de normas: “¿por qué mi hijo/a no me obedece?, ¿qué puedo hacer cuando se niega a hacer algo?”. Este tipo de situaciones son muy cotidianas en las familias y se repiten prácticamente a diario. La desesperación y la falta de control ante la situación hacen que a raíz de esto se desencadenen otros problemas en la relación entre progenitores e hijos, como puede ser la falta de respeto, la violencia o el sentimiento de incapacidad por parte de los adultos sobre cómo educar a sus propios hijos.

Para tratar de evitar este tipo de circunstancias, es muy importante tener en cuenta varios factores que madres y padres deberán tener presentes a lo largo de la crianza de sus hijos. Algunos de ellos son: la comunicación, el establecimiento de normas y límites coherentes, la capacidad de negociación y el afecto. Los adultos culpabilizan a los niños de su comportamiento, cuando es justamente lo contrario; son los niños quienes se comportan en función de la conducta de los adultos y en especial de sus progenitores puesto que son sus mayores referentes.

Madres y padres tienen una serie de normas que les hacen saber a sus hijos: a qué hora deben ir a dormir, cuánto tiempo pueden utilizar aparatos tecnológicos, a qué hora deben regresar a casa etc…Es fundamental que estas normas sean siempre estables, de lo contrario surgirán conflictos. Ejemplo: un padre le dice a su hijo que a las nueve de la noche deberá dejar de jugar e irse a dormir. Cuando llega la hora, el hijo le dice que no quiere ir a dormir y que va a seguir jugando media hora más. El adulto se niega, hay una breve discusión pero finalmente el niño consigue jugar media hora más. Pasado ese tiempo, el niño de nuevo se niega a ir a dormir para seguir jugando y la discusión se hace más fuerte. Pues bien, este tipo de situaciones tan cotidianas, que madres y padres expresan como “mi hijo no me obedece” surgen por una mala práctica en cuanto al establecimiento de normas y límites. 

Por otro lado, es esencial que los progenitores se cuestionen la eficacia de sus normas, es decir, si son realistas. Los comportamientos de los menores se pueden clasificar en tres tipos: lo que sí puede hacer, lo no puede hacer y lo que se puede negociar. Se debe tener en cuenta para ello muchos elementos como son la edad, el nivel de responsabilidad que puede tomar ante determinadas situaciones, las obligaciones etc…Con esto quiero decir que en ocasiones, por ejemplo, madres y padres impiden a sus hijos hacer algo que no es acorde a su edad: una norma que para un niño de ocho años es adecuada, pero cuando tiene doce ya no funciona y es absolutamente normal que el menor se niegue a seguir esa norma puesto que no la ve razonable. Por ello es fundamental tener en cuenta que la familia es un sistema en movimiento, en proceso, y que todos sus elementos deben ir ajustándose al momento en el que se vive.

Resumiendo lo dicho anteriormente, debe existir una firmeza en cuanto al establecimiento de límites y normas, y a la vez, una capacidad de ver el momento vital en el que se encuentra el menor para que las normas resulten eficaces.

Ainhoa Domínguez

Trabajadora Social

Experta en intervención familiar.

Centro Vida Y Familia Ana Simó

Imagen tomada de: www.crecerfeliz.es

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