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Niños y Adolescentes

Los niños también se deprimen

  • Posted on:  Martes, 22 Agosto 2017 21:55
  • Escrito por  Lic. Nadia Coradín

Hoy en día la depresión es un problema de salud grave en la población mundial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor del 15% de personas en el mundo sufre de depresión. Sin embargo, a pesar de la prevalencia de esta condición aún es común escuchar a personas exclamando que los niños no sufren este tipo de trastorno. A pesar de la popularidad de esta creencia, ha sido demostrado a través de los años que es todo lo contrario.  La misma OMS explica que alrededor del 3% de la población infantil mundial padece de un trastorno depresivo.

La depresión puede ser descrita como un trastorno del estado de ánimo, es decir, que es una enfermedad mental en la que predominan los sentimientos de tristeza, falta de energía y de placer. A pesar de que es un desorden tanto de índole biológico como psicológico, afecta los aspectos conductuales, cognitivos, físicos y sociales de la vida de quien lo padece. La depresión influye en la manera en que la persona deprimida ve y experimenta la vida, además de que está presente en sus acciones del diario vivir.

¿Cuáles son las características principales de la depresión en niños/as?

Algunos de los síntomas principales a la hora de diagnosticar un trastorno depresivo en niños/as son: autoestima baja, irritabilidad, falta de motivación, conducta desafiante, temor al rechazo de los demás, ganas de hacerse daño a sí mismo/a, problemas de concentración, sentimientos de culpabilidad y/o inutilidad, cambios drásticos en los hábitos de sueño y/o alimentación, rabietas fuertes, ausencia de placer, entre otros.

Ejemplos de algunos casos de niños/as con un posible diagnóstico de depresión son: Un niño que no se quiere separar de sus padres, que no quiere ir a la escuela, que tiene mucho miedo a la muerte, o que presenta problemas de conducta, sentimientos de inseguridad y negatividad es un infante que puede estar deprimido. También, un niño que no quiere jugar, que se come las uñas, y a quien se le dificultad hacer amigos/as podría estar padeciendo de un trastorno depresivo.

El  niño/a o adolescente deprimido tiende a culparse por sus fracasos, y puede llegar a pensar que sus errores son permanentes.  La depresión crea una predisposición ante los pensamientos negativos, llevando a la persona a darle menos importancia a aquellas experiencias de vida que son positivas. Estos niños/as y jóvenes tienen una autoestima muy pobre y perciben el mundo con una perspectiva pesimista.

La depresión es una enfermedad difícil de diagnosticar en la población infantil, ya que varios de sus síntomas se relacionan con otros trastornos. A la hora de evaluar al paciente se debe de tomar en cuenta la intensidad y la duración de los síntomas, además de que hay que recordar que un solo síntoma no indica depresión. También es importante resaltar que para lograr un diagnóstico se deben de tomar en cuenta numerosos factores que afectan la vida del infante. Por todas estas razones es necesario que la persona que diagnostique al niño/a sea un profesional de la salud mental que esté capacitado para lidiar con este tipo de trastornos.

Otra información importante para recordar es que no todos los niños se deprimen, por lo que debemos de tener en cuenta cuales son los factores de riesgo que pueden influir en la aparición de la depresión. En cuanto a la personalidad, es más probable que se depriman aquellos niños/as que son tímidos, inhibidos, introvertidos, aquellos que les cuesta adaptarse, que poseen baja autoestima, y que tienen pocos amigos/as. De igual manera existen más posibilidades de llegar a un diagnóstico de depresión en aquellos niños que pasan por ciertas situaciones que pudieran resultar traumáticas, como son: violencia familiar, divorcio, bullying, inmigración, duelo, ingesta de alcohol/drogas, duelo, abuso, abandono, entre otros.

También se debe de tener en cuenta que tan funcional es el entorno familiar donde el niño/a está creciendo. Algunas características de familias disfuncionales que pueden poner en riesgo la salud mental de los hijos e hijas son: falta de afecto, sobreprotección, rigidez, negligencia, padres que no tienen tiempo ni prestan atención, falta de límites.

De igual forma, es importante tener en cuenta cuál es la causa de la depresión en sí. Pues a pesar de que los factores mencionados anteriormente pueden poner en riesgo la salud emocional y mental de un niño, también hay que tomar en cuenta otros aspectos.

Para que surja la depresión se deben de combinar varios factores, ya sean biológicos, conductuales, genéticos, sociales y/o cognitivos. En la depresión existe un desbalance químico en el cerebro de quien la padece, pero las circunstancias de vida ejercen una gran influencia en su desencadenamiento. Depende de la persona en particular y de su historia de vida, lo que indica que en un paciente la depresión se desarrolla cuando ya en esta persona existen ciertos factores que la hacen vulnerable. Es decir que puede surgir cuando se combinan varias circunstancias como: la personalidad (persona inhibida, tímida, introvertida, pesimista), historial de salud mental en la familia (componente biológico y genético) y situaciones estresantes (entorno).

El entorno donde se desarrollan los niños tiene un gran peso a la hora de hablar de salud mental. Los problemas familiares y las relaciones deficientes con sus pares pueden influir grandemente en el desarrollo emocional de los chicos y chicas.

Es en la familia donde el niño empieza a formar el concepto de su autoestima, y es allí mismo, en combinación con la escuela, donde empieza a relacionarse con pares y a construir su mundo social. Es necesario que los niños, niñas y adolescentes crezcan en un ambiente donde sus necesidades principales sean cumplidas, y donde estén rodeados de apoyo y amor.

¿Qué pueden hacer aquellas familias que tienen niños, niñas y adolescentes deprimidos?

Lo primero que se les recomienda a estas familias es asistir a consulta psicológica y/o psiquiátrica, donde puedan recibir ayuda de un profesional preparado para lidiar con este tipo de trastorno.

Otras recomendaciones que pueden llevar a cabo:

  • Fomentar la buena comunicación en la familia.
  • Estar atentos al desarrollo de sus hijos/as, notar los cambios en la conducta y emociones de estos.
  • Reforzar la construcción de una buena autoestima.
  • Siempre ofrecerles apoyo incondicional.
  • Resaltar las conductas positivas.
  • Escucharles con atención y empatía cuando están tristes, molestos, con miedo…
  • Ayudarles a aceptar y lidiar con las frustraciones.
  • Actividad física (ejercicios, deporte).
  • Actividades que le brinden felicidad al niño/a (hobbies).
  • Fomentar la buena alimentación y los buenos hábitos de sueño.
  • Rodear al niño/a de un ambiente motivador y positivo.
  • Compartir en familia y con amistades.
  • Fomentar la gratitud.
  • Enseñarle a aceptar y manejar sus emociones.

Y más que nada, es importante que los padres y tutores también se cuiden a sí mismos, pues con estas acciones de autocuidado no solo le están dando un buen ejemplo a sus hijos/as, si no que también están fomentando buenos hábitos en su familia. Pues para que mamá y papá puedan cuidar a sus hijos/as de la mejor manera posible, deben de cuidarse a sí mismos primero.

Lic. Nadia Coradín

Psicóloga Clínica Infanto-Juvenil M.A.

Centro Vida y Familia Ana Simó

Imagen tomada de: psicoterapiainfantes.wordpress.com

 

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