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Psiquiatría

Las festividades de navidad y fin de año suelen ser la época más esperada por todos en nuestra sociedad. Los villancicos, las cenas en familia y amigos, los angelitos, los conciertos y actividades al aire libre, la decoración, es todo un aire envolvente de felicidad, esperanza y una vista hacia un nuevo año cargado de nuevas expectativas.

Amnesia disociativa

“Si cambias la forma en que miras las cosas, las cosas que miras cambian”.
Wayne Dyer.

Es casi seguro decir que a todos nos ha sucedido alguna vez,  que luego de experimentar o ser testigo de un evento que nos impacta, donde nos vemos expuestos ante una situación difícil o de peligro, ya sea relacionada a violencia, abuso o de tipo accidental, nuestras emociones se vean afectadas, produciendo miedo, ansiedad, tristeza al pensar o revivir lo acontecido. Pero, ¿Hasta dónde esto deja de ser algo pasajero y se convierte en un trastorno? ¿Se puede decir que existe un trastorno después de un trauma?

El perfil de las personas que viven con el  trastorno de la personalidad limite se caracteriza por poseer una extraordinaria inestabilidad afectiva, conductual, de relaciones objétales y de su autoimagen o perdida de sentido de la identidad que puede llevar a la disociación.  Es un trastorno frecuente en los centros de salud mental con una relación mujer-hombre 3:1, se percibe un aumento normativo de los rasgos de trastorno límite de la personalidad durante la pubertad,  aumentando su prevalencia máxima como trastorno en la edad adulta cuando los pacientes deben decidir sobre sus trabajos, pareja y autonomía y son incapaces de afrontar los cambios normales del ciclo vital.

De acuerdo a la fisiopatología neurobiológica de la depresión encontramos afectación emocional, cognitiva, conductuales y físicas, manifestándose de la siguiente manera: El paciente se siente triste la mayor parte del día, disminución acusada del interés o de la capacidad para experimentar el placer en todo o casi todo, dificultad para desempeñar normalmente sus actividades habituales, pérdida o aumento de peso, pérdida o alteración en la esfera sexual, insomnio o hipersomnia casi todos los días, agitación o enlentecimiento psicomotor, sentimientos de inutilidad, disminución de la capacidad para pensar y/o concentrarse, pensamiento recurrente de muerte (no solo temor a la muerte, sino ideación suicida recurrente sin un plan específico).

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