¿Amor o interés?

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¿Amor o interés?

A lo largo de la historia, el amor ha sido idealizado como una fuerza pura, desinteresada y capaz de trascender cualquier barrera. Sin embargo, en la dinámica social actual, resulta difícil no asociar las relaciones afectivas con el concepto de interés. Pero lejos de ser conceptos o ideas que se antagonizan, el amor y el interés a menudo coexisten y se entrelazan de formas sutiles. Comprender la forma en cómo dos conceptos que socialmente se entienden como opuestos abre todo un abanico de posibilidades.

Desde las novelas clásicas y las historias románticas, se ha construido la idea de que el “amor verdadero” debe ser incondicional. Bajo esta perspectiva, amar significa entregarse al bienestar del otro sin esperar nada a cambio. No obstante, esta concepción absoluta suele chocar con la realidad cotidiana. Los seres humanos buscan refugio emocional, reciprocidad, compañía y validación; necesidades que, en sí mismas, constituyen una forma de interés interno o psicológico. Por ello, afirmar que existe un afecto completamente desprovisto de interés resulta una premisa difícil de sostener desde la psicología humana.

El término “interés” evoca una connotación negativa, asociada al cálculo, la manipulación o el beneficio económico. Si bien existen vínculos basados puramente en la conveniencia material, el interés abarca un espectro mucho más amplio y legítimo. Existe un interés intelectual, emocional, de crecimiento personal o de proyecto de vida compartido.

Desear estar con una persona porque aporta paz, estimula el intelecto o comparte valores fundamentales es una forma de interés positivo que fortalece la unión. La búsqueda de estabilidad y bienestar mutuo no degrada el afecto, sino que le otorga una base sólida para perdurar en el tiempo.

La clave para distinguir una relación sana de una relación puramente utilitaria reside en el equilibrio y la intencionalidad:

  • Relación basada en el interés genuino (reciprocidad): Ambas partes encuentran valor en la convivencia y se enriquecen mutuamente. El interés actúa como el puente que une dos voluntades, mientras que el afecto sincerogarantiza que la otra persona sea tratada como un fin en sí misma, no como un medio.
  • Relación instrumentalizada: Una de las partes utiliza a la otra como una herramienta para alcanzar fines económicos, de estatus o comodidad personal. Cuando la utilidad desaparece, el vínculo se disuelve inmediatamente, revelando la ausencia de un afecto real.

El amor y el interés no son necesariamente antagonistas, sino fuerzas complementarias dentro de las relaciones humanas. Mientras que el amor aporta la empatía, el cuidado y la conexión profunda, el interés provee el propósito, la compatibilidad y la viabilidad práctica para construir un camino en común.

Reconocer que amamos también por aquello que el otro aporta a nuestra vida no vuelve al afecto frívolo; al contrario, permite construir relaciones más honestas, equilibradas y conscientes de la realidad humana.

Imagen: OKDIARIO