¿Qué le enseña a tu hijo/a la forma n que tú pides ayuda?

educación emocional

¿Qué le enseña a tu hijo/a la forma n que tú pides ayuda?

La semana pasada, la Dra. Ana Simó, en Consultando, tocó un tema que me pareció muy importante: la dificultad para pedir ayuda. Y mientras la escuchaba, no podía dejar de pensar en la crianza.

Durante el programa, se mencionó una frase que escuchamos con mucha frecuencia: “La gente no me entiende” o “Nadie me ayuda”. Pero detrás de esas palabras suele haber una pregunta que casi nunca nos hacemos: ¿yo sé pedir ayuda cuando la necesito?

Muchas veces son nuestros hijos quienes nos hacen conscientes de aspectos de nosotros mismos que necesitan cambiar. No solo por nuestro bienestar, sino por la huella que dejamos en ellos.

Existen muchas razones por las que a una persona le cuesta pedir ayuda: miedo al rechazo, al conflicto, experiencias de crítica, la creencia de que pedir apoyo es una señal de debilidad o una marcada hiperindependencia. Aunque estas dificultades comienzan en la historia de cada adulto, también terminan influyendo en la forma en que sus hijos aprenden a relacionarse con los demás.

Los niños aprenden mucho más de lo que observan que de lo que escuchan.

Si un niño crece viendo que en su casa pedir ayuda es sinónimo de fracaso, que cada problema debe resolverse solo o que mostrar vulnerabilidad es motivo de vergüenza, puede empezar a creer que, para ser valioso o querido, tiene que poder con todo sin necesitar a nadie.

Y ahí es donde muchas veces aparecen situaciones que desconciertan a los padres. Ese niño inteligente, capaz, buen estudiante y buen amigo, de repente se desregula cuando algo no le sale bien. Se frustra con tareas sencillas. Cuando alguien intenta ayudarlo, levanta una pared: responde con enojo, se niega a intentarlo o rechaza cualquier apoyo.

No siempre es falta de habilidades. En ocasiones, aceptar ayuda amenaza la idea que ha construido sobre sí mismo.

Por supuesto, la terapia puede darle herramientas para manejar la frustración, regular sus emociones y afrontar los retos de una manera más saludable. Pero también es importante que los padres se hagan una pregunta incómoda:

¿Lo que yo modelo en casa apoya o contradice lo que mi hijo está aprendiendo en terapia?

El progreso de un niño nunca depende de un solo factor. Es como un engranaje donde intervienen la familia, el colegio, los amigos, el propio niño y los profesionales que lo acompañan. Pero una de las piezas más importantes sigue siendo el hogar. Lo que sucede todos los días entre esas cuatro paredes tiene un impacto enorme en el desarrollo emocional de un hijo.

Aprender a pedir ayuda no solo beneficia a los adultos. También les da permiso a nuestros hijos para hacer lo mismo cuando la necesiten.

Si tú y tu familia están atravesando una situación difícil de manejar, no tienen que cargar con eso solos. Buscar acompañamiento profesional puede ayudarles a entender lo que está pasando y a encontrar herramientas concretas para avanzar. Si lo necesitan, con gusto puedo acompañarlos en ese proceso.

Imagen: https://psicologiaymente.com/desarrollo/claves-relacion-sana-padres-hijos-adolescentes