El impacto del duelo migratorio en la segunda generación
Los procesos migratorios, en aumento en una sociedad cada vez más globalizada, afectan no solo a quienes emigran, sino también a sus descendientes. Por ello, el duelo migratorio se hace cada vez más visible, siendo ampliamente estudiado como un proceso emocional complejo que afecta a quienes dejan atrás su país de origen.
El psiquiatra español Joseba Achotegui expone que este duelo implica múltiples pérdidas simultáneas: familiares, culturales, lingüísticas y sociales. Estas pérdidas pueden generar un profundo desarraigo emocional, cuyos efectos no se limitan únicamente a la primera generación.
“La migración implica un sinnúmero de cambios vitales que afectan en profundidad a la estructura psíquica de la persona. Entre las consecuencias más significativas de migrar se encuentra el duelo migratorio, un tipo de duelo complejo que no responde a una pérdida concreta y definitiva, sino que se refiere a múltiples pérdidas simultáneas y, en varios casos, ambiguas: la cultura, la lengua, el entorno, los vínculos afectivos, el estatus social y el sentido de pertenencia” (Boss, 2001; González Calvo, 2019).
Autores como Álvarez y Neves (2018) y Dissimoz (2020) destacan cómo el desarraigo, el silencio y la idealización del país de origen pueden convertirse en cargas emocionales que los hijos heredan sin comprender del todo su origen.
Otros estudios empíricos evidencian que esta transmisión puede afectar el desarrollo de la identidad, la autoestima y la integración social de los hijos de padres migrantes, principalmente cuando existe una tensión entre la cultura de origeny la cultura del país de acogida.
Partiendo de estas conclusiones, se puede afirmar que el duelo migratorio no resuelto se transforma en una herencia emocional que determina la forma en que la segunda generación se posiciona en el mundo.
